lunes, 7 de julio de 2014

Muere Alfredo di Stefano

Adiós al más grande.

Jugaba Argentina, que se citaba con la historia para alcanzar una semifinal del Mundial, 24 años después. Hacía calor en Brasilia y hacía calor en Madrid. Alfredo Di Stéfano, ajeno a debates menores sobre los grandes futbolistas de la historia, que si Messi, que si Maradona, se desplomaba el sábado en una calle de Madrid con nombre de poeta sencillo, Juan Ramón Jiménez, y sufría una parada cardíaca que requirió 18 minutos de reanimación por parte de los sanitarios del SAMUR antes de trasladarlo intubado al Hospital Gregorio Marañón. Alerta roja en un corazón blanco. Esta mañana, el hospital le comunicó a la familia su muerte cerebral.
La Saeta Rubia, de 88 años, ya había sufrido varios percances cardiovasculares, incluido un bypass que se le instaló en 2005 en Valencia. 15 días en la UVI, en distintas circunstancias, en el último tiempo, le habían rebajado la moral. El corazón de La Saeta se paró en la tarde del lunes. Su última jugada fue una jugarreta del destino. A eso de las cinco de la tarde del sábado se desplomó al lado de su estadio; murió a en la tarde de hoy, convirtiendo su apodo, “la leyenda”, en una desgraciada realidad. Tras ser intubado, asistido por ventilación mecánica y mantenido a temperatura de 32 grados, Di Stéfano resistió hasta la tarde de ayer cuando entró en muerte cerebral. Antes pareció recuperar los daños sufridos en el riñón (donde se le habían alojado alimentos) y el corazón funcionaba mejor. Todo se paró dos días después de sufrir el infarto. Argentina había alcanzado la semifinal del Mundial y a Di Stéfano, tan lúcido siempre, tan ingenioso, le pilló con los ojos cerrados.

Di Stéfano ingresó en el hospital a media tarde del sábado con pronóstico “muy grave”. 18 minutos de reanimación era un tiempo demasiado largo desde que su corazón se paró, aunque La Leyenda había dado muestras de remontadas increíbles. En Valencia, mientras pasaba la Navidad con su hija, sufrió un infarto de miocardio, saldado con un cuádruple bypass, y en el último año había vivido siete ingresos hospitalarios por distintos motivos (incluidas revisiones establecidas).
A los 88 años, el corazón, cuyos latidos fue capaz de dominar en el campo, se había convertido en el caballo de batalla de Di Stéfano, aunque no había quebrado su fina ironía y un compendio de ocurrencias convertidas en filosofía del fútbol y de la vida.
Di Stéfano entró en estado de coma unas horas después de su ingreso en el hospital encendiendo unas alarmas que parpadeaban desde hace años, aunque hasta ayer mantuvo las pestañas abiertas. Sedado e intubado buscaba el último regate. Un taconazo, quizás. Jugaba Argentina mientras Di Stéfano, el futbolista más singular que ese país ha dado, luchaba en un hospital, no en un campo de fútbol, contra una enfermedad, no contra un portero. Todo ocurrió tras comer con su familia en un restaurante junto al Bernabéu. Los facultativos del SAMUR consiguieron revertir la parada cardiorrespiratoria, aunque volvió a recaer en el traslado y tuvo que ser nuevamente recuperado.
Mientras el Mundial optaba por sus últimos elegidos y Argentina se encandilaba con un triunfo ante Bélgica más importante que bello, Di Stéfano dormía ajeno al mundanal ruido. Ya no despertó. Últimamente, la vida se le había revuelto en conflictos familiares de difícil solución.
Argentina alcanzó la semifinal y a Di Stefano, tan lúcido siempre, le pilló con los ojos cerrados
Los infartos habían quebrado el ánimo pero no la fe de Di Stéfano, leyenda viva de un deporte en el que ejerció de pionero, de modernista. Su vida, su fichaje por el Madrid, su secuestro, su filosofía anunciaban el futbolista de hoy. Tan agradecido le estuvo al fútbol, a La Vieja, como llamaba a la pelota, como sus compañeros y rivales agradecieron su fútbol. Una larga trayectoria de 20 años como profesional desde que debutó en River, jugó luego en Millonarios, alcanzó la gloria en el Real Madrid (cinco Copas de Europa, ocho Ligas y una Intercontinental entre 1953 y 1964) y concluyó en el Espanyol, ya con 40 años. Como entrenador, dirigió al Elche, Boca, River Plate, Valencia, Sporting de Lisboa, Real Madrid, Rayo y Castellón. Con el Valencia logró la Liga en 1971 y la Recopa en 1980, además de ser el entrenador que le devolvió a Primera División tras un traumático descenso
La Vieja dio de sí. Todo lo que en España comenzó en el Bernabéu acabó a su vera, principio y fin de un futbolista irrepetible.

   


El fútbol pierde a uno de los grandes de la historia. Esta tarde, Di Stéfano ha muerto a los 88 años, el presidente de honor del Real Madrid, ganador de cinco Copas de Europa y dos Balones de Oro, y que como entrenador apostó por la Quinta del Buitre.
Di Stéfano cambió la historia del Real Madrid. Su fichaje por el club blanco revolucionó al club de Chamartín.
El choque que enfrentó al Real Madrid y a Millonarios como celebración de las bodas de oro del Real Madrid terminó siendo, sin lugar a dudas, el partido más importante de la historia del conjunto blanco. En la cita saltó al césped un rápido y habilidoso Alfredo Di Stéfano, jugador del que se enamoró a primera visto don Santiago Bernabéu, presidente por aquel entonces del club madrileño.
El máximo mandatario madridista no paró hasta conseguir que el futbolista argentino, que maravillaba cada vez que saltaba al terreno de juego, se enfundara la elástica madridista. No fue fácil, ya que La Saeta Rubia tuvo que pasar unos meses en Barcelona, pero todo esfuerzo mereció la pena por ver jugar en Chamartín al primer grande de la historia del fútbol.
Cinco Copas de Europas terminaron en las vitrinas blancas de forma consecutiva. Empezó en París y terminó en Glasgow previo paso por Madrid, Bruselas y Stuttgart. Hasta siete goles marcó en las finales que jugó y según cuentan todas las crónicas de la época, fue el encargado de liderar un equipo que nunca más se ha vuelto a repetir.
Su rendimiento sobre el verde le convirtió en un futbolista mediático como nadie lo había sido hasta entonces. Protagonizó películas sobre su vida y fue el ídolo de los aficionados del Real Madrid y de todos los seguidores del fútbol en general.
Su legado no acabó en su etapa de futbolista. Como entrenador tuvo la valentía de dar la alternativa a cinco jóvenes jugadores que llegaban desde el Castilla y que terminaron formando la Quinta del Buitre. Una vez más, Di Stéfano fue clave para que en el Santiago Bernabéu se disfruta a del fútbol como pocas veces se ha hecho. La puerta grande de la historia del Real Madrid volvió a abrirse.
Como no podía ser de otra forma, el Real Madrid reservó un hueco especial para el hombre que cambió su rumbo y lo llevó hasta la excelencia. Nombró a don Alfredo Di Stéfano presidente de honor, lugar que seguirá ocupando allá donde esté. El Real Madrid y el fútbol lo tienen en su memoria, en su corazón y en una historia que él mismo escribió. El primer grande del fútbol.

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